real madrid, higuainGonzalo Higuaín ha funcionado tan estupendamente en momentos de extrema urgencia que corre el serio riesgo de los actores de algunas series de éxito: el encasillamiento. Si lo supera, logrará arrancarse la etiqueta de especialista para escenas de riesgo, que es la que le cuelga de su pechera desde el primer gol que marcó para el Real Madrid. La afición ve en Higuaín poco menos que a un tedax. Y como el mismísimo Cristiano Ronaldo, ni quiere ser un tedax, ni un salvador de la patria. No quiere ser eso ningún futbolista del mundo; ninguno, desde Belauste y el “¡a mí Sabino, que los arrollo!”.

Higuaín pide la pelota como un poseso y se marcha a por el portero, como si le debiera el alquiler de los últimos tres meses. Le encanta su manera de concebir el juego: no hay defensa lo suficientemente duro para detenerme, piensa. O tú o yo, se repite. Y así le va. En esa excitación permanente ha escrito sus mejores páginas de blanco y también las más duras, como aquella de marzo de 2008, cuando un speaker afortunadamente hoy fulminado le gritó a todo el Bernabéu: “¡Y por fin la metió Higuaín!”, después de marcar un gol en su quinta intentona frente al Sevilla.

Quien gritó en el Santiago Bernabéu fue la grada gritó el nombre de Higuaín, que se retiró del campo bajo una ovación, una más, para dar entrada a Raúl. El capitán había dejado su sitio de titular a un futbolista que apunta a recambio generacional. ¿Es posible que dentro de uno o dos años, el 7 lo lleve Higuaín?

Carlos Carbajosa
El Mundo

Higuaín cada día es mejor, cada día es más resolutivo. ¡¡Necesita minutos para seguir creciendo!! La afición ya no sabe cómo decirlo.

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